sábado, 5 de julio de 2014

Capítulo 4.

Día 31 de octubre del 2013, 23:00h. 
  -No te des por vencido, Miguel -Le repetía Marcos a su mejor amigo, que hoy había decidido pasar la noche en su casa.
  -No lo voy a conseguir, ¿no ves que ella es demasiada cosa para mí? -Respondió Miguel, con la valentía cada vez más por los suelos.
  -Yo solo te digo que está enamorada de ti, pero bueno, eres libre de pensar lo que quieras.
  Miguel se quedó pensativo por unos segundos, sin decir nada, simplemente limitándose a mirar el techo.
  -¿Qué piensas? -Preguntó Marcos, viendo la situación de su amigo.
  -¿Has visto a Paula? -Dijo Miguel, formulando otra pregunta.
  -No, te he ayudado a llevarla a su casa, pero no, no la he visto -Bromeó Marcos.
  -No tienes gracia, que lo sepas -Dijo Miguel, y de nuevo se volvió a quedar pensativo.- Está mucho más guapa, más mayor.
  -Solo tiene 12 años, tampoco es para tanto -Respondió Marcos, rodando los ojos.
  -No, me refiero mayor a como si... -Y Miguel se calló.- A como si me hubiera perdido cosas de ella.
  -Pues llevas 5 años con ella, no te has perdido nada, deja de decir mariconadas, Miguel.
  -Pero, ¿de verdad la has visto? No parece ella, está hecha una mujer y ni siquiera me he dado cuenta de lo rápido que pasa el puto tiempo, tío -Dijo Miguel, empezando a sentir una pequeña punzada en el corazón.
  -Ahora que lo pienso, ¿por qué has ido tan rápido a ayudarla cuando has oído su grito? Parecías un desesperado corriendo hacia ella así -Le replicó Marcos a Miguel.
  Miguel pensó, Marcos tenía razón, ¿por qué había ido tan rápido? Le estaba pidiendo salir a la chica por la que llevaba enamorado casi dos años, sin embargo, fue corriendo a ayudar a Paula, ¿por qué lo había hecho? Después, recordó aquella noche del 2008, donde se conocieron, las cosas que se dijeron.
  '-¿Amigos para siempre? -Le preguntaba Miguel a la pequeña Paula de hace cinco años atrás.
      -Amigos para siempre -Le respondió la pequeña Paula, y juntos se dieron las manos, hicieron un pacto, un pacto que marcaría las vidas de ambos.'
  -Se lo prometí, Marcos -Le dijo Miguel.- Se lo prometí. 

jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo 3.

    Día 31 de octubre del 2013, Halloween.
  -No tengo ni idea de dónde está, pero quiero verle, es nuestro aniversario, hoy hacemos 5 años juntos -Le decía Paula a su mejor amiga, Marta.
  -No es vuestro aniversario porque no estáis saliendo, Paula, baja de la nube -La contradijo Marta.
  -No me digas eso, cabrona -Dijo Paula enfadada.- Ya quisieras tú tener una amistad tan bonita como la que tenemos actualmente Miguel y yo, y justo hoy hace 5 años que nos conocimos, esto hay que celebrarlo. 
  -Sí claro, tan bonita que él pasa olímpicamente de ti, que ya son otros tiempos, Paula, ya no sois unos críos.
  -Miguel está ahí cada vez que le necesito, y nunca me ha dejado, y miles de razones ha tenido, así que no me vengas ahora con que nuestra amistad no es bonita porque lo es. Además, es tan guapo -Dijo Paula risueña.
  -¿No te cansas de que te guste desde hace 5 años el mismo tío? Con lo divertido que es ir de flor en flor.
  -Marta, tienes 13 años, bájate de la nube -Repitió lo que había dicho su amiga momentos atrás.
  -Solo te digo que tienes solo 12 años y él ya tiene 16, no puedes pretender que pase algo entre vosotros dos porque sabes de sobra que eso no va a poder ser -Dijo Marta, queriendo que su amiga se diera cuenta.
  -¿A ti nunca te han dicho que la edad no importa en el amor?
  -Yo lo único que sé es que ese tío es gilipollas, y te va a hacer daño, olvídate de él.
  -Vale, mira, si no quieres venir a buscarle conmigo, ya me voy yo sola. Pero que sepas que las verdaderas amigas apoyan, no destruyen -Dijo Paula, y se fue enfadada andando por aquel pueblo en el que vivían.
  Marta rodó los ojos y siguió corriendo a su amiga.
  -Eres tonta -Le dijo Marta cuando estuvo a su lado.
  -Sí, pero soy tu mejor amiga, y me vas a tener que aguantar hasta el fin de los tiempos -Bromeó Paula.
  Las dos amigas rieron y se fueron en busca de Miguel, pero bueno, Marta fue con tal de no oír los quejidos de Paula.
      
         Mientras, en otra parte no muy lejana.
  Los dos mejores amigos se encontraban en uno de los miles de lugares que tenía el pueblo donde vivían. En frente de ellos, sentadas en un banco y charlando, se encontraban un grupo de chicas, pero una de ellas era especial, muy especial, por lo menos para Miguel.
  -Vale, este es el plan. Esa chica está locamente enamorada de ti, y tú lo estás de ella, así que tienes que ir y pedirla salir, no es tan difícil, si lo piensas bien -Le explicaba Marcos a Miguel, su mejor amigo.
  -¿Y si me dice que no? Marcos, que Elena me gusta mucho, como me diga que no me muero -Dijo Miguel con miedo.
  -Pero que está enamorada de ti, idiota.
  -¿Cómo estás tan seguro?
  -Oh vamos, observa como te mira -Dijo, y los dos levantaron la mirada y vieron que Elena, efectivamente, estaba mirado a Miguel con una sonrisa.
  -Eso no significa nada -Dijo Miguel volviendo a mirar a su amigo.- Es simplemente una sonrisa, nada del otro mundo.
  -¿Quieres dejar de tener miedo? Miguel, cuando dejes de tener miedo, empezarás a ser feliz.
  Miguel se quedó pensativo mirando a su amigo, que esperaba impaciente a que Miguel diera el primer paso con Elena, la chica de sus sueños.
  -Está bien, allá voy -Y Miguel se levantó del banco y decidido fue hasta en el que estaban sentadas esas guapas chicas.
  -¿Qué pasa, Miguel? -Dijo Elena, al ver que Miguel se quedó mirándolas sin hacer nada.
  -¿Po... podemos ha... hablar a... a solas? -Preguntó Miguel tartamudeando a causa de los nervios.
  -Sí, claro -Respondió Elena con una gran sonrisa.
  Una vez que se alejaron de los dos bancos, Miguel empezó a hablar.
  -Bueno Elena, yo... me gustas mucho y quería decirte algo -Dijo Miguel empezando a sonrojarse.
  -Dímelo Miguel, sin miedo -Comentó Elena, porque sabía lo que venía a continuación.
  -¿Quieres... -Pero un grito le interrumpió, un grito de niña, pero no cualquier niña. Paula.
  Miguel fue corriendo hasta el sitio de donde provenía el grito y la vio allí, tumbada en el suelo haciendo una mueca de dolor mientras se agarraba el tobillo y Marta intentaba ayudarla.
  -¡Paula! -La llamó, para luego acercarse a ella.- ¿Qué demonios ha pasado?
  -Me he caído, Miguel, y creo que me he torcido el tobillo -Dijo Paula con la voz temblorosa, y las lágrimas empezaban a salir de sus ojos.
  -No te preocupes, enana, yo te llevo a tu casa -Dijo, y cogió a Paula en brazos, no tenía opción.
  -¿Qué ha pasado aquí? -Preguntó Marcos alterado, una vez que estuvo al lado de su amigo.
  -Paula se ha torcido el tobillo, ayúdame a llevarla a casa -Respondió Miguel poniendo rumbo hacia la casa de Paula, pero antes miró hacia atrás y vio que Elena se iba de nuevo con sus amigas. Otra vez había perdido la oportunidad. 
  
    

  

Capítulo 2.

  Como os decía, los sentimientos de Paula estaban cambiando, aunque nunca hablaba con casi nadie y hablar y coger confianza con Miguel, le iba a costar demasiado.
  Miguel le llevó a una de las habitaciones de aquella casa, y como era de imaginar, Miguel se sentó en la cama y empezó a hablar sin parar.
  -Ven, túmbate conmigo -Le dijo a Paula.
  -Yo no... -Empezó a hablar Paula, no muy convencida.
  -Oh vamos, ¿piensas ser así de aburrida toda la vida? El aburrimiento aburre, ¿sabes? -Replicó Miguel, interrumpiendo a Paula.
    Al fin, Paula cedió y se tumbó con él, los dos se quedaron mirando mutuamente.
  -Me gustan tus ojos -Comentó Paula, pero al darse cuenta de lo que había dicho, se sonrojó inmediatamente y se tapó la cara con las manos. Pero era verdad, pensó, esos ojos verdes que tenía él, no se encontraban en todos lados. 
      Miguel empezó a reír a carcajadas y después cogió las manitas de Paula y la destapó la cara.
  -¿Qué estáis haciendo? -Dijo Paz, la hermana de Miguel, y Nerea, la mejor amiga de Paz entrando por la puerta.
  -¿Conocéis a Paula? -Les preguntó Miguel.
  -No, ¿es tu novia? -Preguntó Paz.
  -Oye, que nos llevamos cuatro años, bájate del unicornio, hermana.
        -Pues lo parecéis, se lo voy a decir a mamá -Dijo Paz saliendo de la habitación y corriendo con Nerea a sus espaldas.
   -Déjala, no sabe lo que dice -Le dijo Miguel a Paula.
   Pero ella no dijo nada, simplemente se quedó ahí mirándole.
   -Pues ¿quieres saber lo que me gusta a mí de ti? -Preguntó Miguel. Paula asentió con la cabeza. -Que eres muy rara.
   Paula rió y Miguel la siguió. 
   Se pasaron la noche entera hablando, ya no les importaba la fiesta, eran amigos, eso era lo que más importaba.
  

Capítulo 1.

Día 31 de octubre del 2008, Halloween.

  Tenía solamente 6 años, era simplemente una cría que esa noche se limitaba a observar cómo sus padres y sus amigos colgaban en aquella casa los adornos para la futura fiesta de Halloween que iban a celebrar, pero a Paula no le hacía ilusión, o sí, no lo sabía ni ella.
  Y os preguntaréis qué pasa en esta historia, pues es sencillo y seguro que lo entendéis rápidamente:
  Era Halloween, es decir, una de las fiestas más anheladas por los niños pequeños, y por algunos mayores que habían perdido el norte y no querían aceptar que su infancia había acabado, como es el caso de sus padres y sus amigos.
  Sus padres habían alquilado una bonita casa en medio del campo, perdida en medio da la nada, para simplemente organizar una fiesta en honor al Halloween, pensando que a sus hijas, Paula y Lucía, les haría ilusión. Para que ellas tuvieran más ganas, invitaron también a dos matrimonios más, amigos suyos, que, como algunas parejas, tenían hijos. 
  Un matrimonio se componía de una madre, un padre, una niña de unos 5 años llamada Nerea y por último, un niño de 1 año llamado Iván.
  Pero, ¿y el otro matrimonio? Ese es el que realmente marca en la historia, o mejor dicho, en la vida de Paula. Compuesto por una madre, un padre, una niña de 5 años y medio llamada Paz, un niño de 10 años llamado Miguel y por último, un niño de 14 llamado Luis.
  Y por fin llegó el día 31 de octubre, en el que todos partieron a aquella casa. En cuanto los niños la vieron, se pusieron a saltar como locos, pero Paula no, a Paula no le impresionaba nada, era simplemente una casa, nada del otro mundo, pensó.
  Entraron y se acomodaron, pasarían la noche allí y querían tenerlo todo preparado. Pasaron las horas, y de un momento a otro, como os contaba, Paula, vestida de brujita, observaba cómo todos ponían adornos terroríficos a la casa, todos juntos y riéndose de todo en general, pero Paula no, Paula siempre estaba sola, era una niña muy solitaria, y aunque en aquella casa hubiera cinco niños, ella no cruzó palabra con ninguno desde que llegó allí.
  No estaba cansada de estar sola, llevaba seis años de su vida sin tener ningún tipo de afecto especial sobre ningún niño de su edad.
  Absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien estaba a su lado.
  -¿Eres así de aburrida siempre? -Preguntó aquella persona que se encontraba a su lado.
  -No me gusta jugar -Dijo Paula, lo más cortante que pudo.
  -Pues a mí sí, ¿quieres venir a jugar conmigo? -Preguntó aquella misteriosa persona con una sonrisa.
  -No te conozco de nada.
  -Me llamo Miguel y tengo 10 años -Dijo-. ¿Tú cómo te llamas?
  -Me llamo Paula -Dijo, y por fin, por primera vez en toda la noche, miró a aquel niño, y el corazoncito de Paula sintió algo raro, como eso que dicen los mayores que sienten cuando... ¿les gusta alguien? ¿se dice así? Sí, supongo.
  -Bueno, pues encantado de conocerte, Paula.
  -Lo mismo digo -Dijo, sin dejar de mirarle.
  -Entonces, ¿vienes conmigo o no? -Preguntó Miguel, ofreciéndole la mano para que la cogiera.
  -Claro -Dijo Paula cogiendo su mano, y se dio cuenta de que Miguel era diferente, que no era como los otros niños, que con él estaba dispuesta a jugar, hablar, y a hacerse amiga, cosa que con otros niños y niñas, nunca había pasado. ¿Qué la pasaba? Pero no lo sabía ni ella.


  

Dicen que el amor viene cuando dejas de buscarlo, pero ¿y si lo has tenido delante de ti toda la vida y no te has dado ni cuenta?
Pero el destino es muy sabio y pone a cada uno en su lugar, aunque en un principio no fue el lugar en el que querías estar.
Pero ya sabes, uno se va acostumbrando a las cosas, y cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que el amor no se busca, porque ha estado ahí antes de que te dieras cuenta, mucho antes.