Como os decía, los sentimientos de Paula estaban cambiando, aunque nunca hablaba con casi nadie y hablar y coger confianza con Miguel, le iba a costar demasiado.
Miguel le llevó a una de las habitaciones de aquella casa, y como era de imaginar, Miguel se sentó en la cama y empezó a hablar sin parar.
-Ven, túmbate conmigo -Le dijo a Paula.
-Yo no... -Empezó a hablar Paula, no muy convencida.
-Oh vamos, ¿piensas ser así de aburrida toda la vida? El aburrimiento aburre, ¿sabes? -Replicó Miguel, interrumpiendo a Paula.
Al fin, Paula cedió y se tumbó con él, los dos se quedaron mirando mutuamente.
-Me gustan tus ojos -Comentó Paula, pero al darse cuenta de lo que había dicho, se sonrojó inmediatamente y se tapó la cara con las manos. Pero era verdad, pensó, esos ojos verdes que tenía él, no se encontraban en todos lados.
Miguel empezó a reír a carcajadas y después cogió las manitas de Paula y la destapó la cara.
-¿Qué estáis haciendo? -Dijo Paz, la hermana de Miguel, y Nerea, la mejor amiga de Paz entrando por la puerta.
-¿Conocéis a Paula? -Les preguntó Miguel.
-No, ¿es tu novia? -Preguntó Paz.
-Oye, que nos llevamos cuatro años, bájate del unicornio, hermana.
-Pues lo parecéis, se lo voy a decir a mamá -Dijo Paz saliendo de la habitación y corriendo con Nerea a sus espaldas.
-Déjala, no sabe lo que dice -Le dijo Miguel a Paula.
Pero ella no dijo nada, simplemente se quedó ahí mirándole.
-Pues ¿quieres saber lo que me gusta a mí de ti? -Preguntó Miguel. Paula asentió con la cabeza. -Que eres muy rara.
Paula rió y Miguel la siguió.
Se pasaron la noche entera hablando, ya no les importaba la fiesta, eran amigos, eso era lo que más importaba.
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