Día 31 de octubre del 2008, Halloween.
Tenía solamente 6 años, era simplemente una cría que esa noche se limitaba a observar cómo sus padres y sus amigos colgaban en aquella casa los adornos para la futura fiesta de Halloween que iban a celebrar, pero a Paula no le hacía ilusión, o sí, no lo sabía ni ella.
Y os preguntaréis qué pasa en esta historia, pues es sencillo y seguro que lo entendéis rápidamente:
Era Halloween, es decir, una de las fiestas más anheladas por los niños pequeños, y por algunos mayores que habían perdido el norte y no querían aceptar que su infancia había acabado, como es el caso de sus padres y sus amigos.
Sus padres habían alquilado una bonita casa en medio del campo, perdida en medio da la nada, para simplemente organizar una fiesta en honor al Halloween, pensando que a sus hijas, Paula y Lucía, les haría ilusión. Para que ellas tuvieran más ganas, invitaron también a dos matrimonios más, amigos suyos, que, como algunas parejas, tenían hijos.
Un matrimonio se componía de una madre, un padre, una niña de unos 5 años llamada Nerea y por último, un niño de 1 año llamado Iván.
Pero, ¿y el otro matrimonio? Ese es el que realmente marca en la historia, o mejor dicho, en la vida de Paula. Compuesto por una madre, un padre, una niña de 5 años y medio llamada Paz, un niño de 10 años llamado Miguel y por último, un niño de 14 llamado Luis.
Y por fin llegó el día 31 de octubre, en el que todos partieron a aquella casa. En cuanto los niños la vieron, se pusieron a saltar como locos, pero Paula no, a Paula no le impresionaba nada, era simplemente una casa, nada del otro mundo, pensó.
Entraron y se acomodaron, pasarían la noche allí y querían tenerlo todo preparado. Pasaron las horas, y de un momento a otro, como os contaba, Paula, vestida de brujita, observaba cómo todos ponían adornos terroríficos a la casa, todos juntos y riéndose de todo en general, pero Paula no, Paula siempre estaba sola, era una niña muy solitaria, y aunque en aquella casa hubiera cinco niños, ella no cruzó palabra con ninguno desde que llegó allí.
No estaba cansada de estar sola, llevaba seis años de su vida sin tener ningún tipo de afecto especial sobre ningún niño de su edad.
Absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien estaba a su lado.
-¿Eres así de aburrida siempre? -Preguntó aquella persona que se encontraba a su lado.
-No me gusta jugar -Dijo Paula, lo más cortante que pudo.
-Pues a mí sí, ¿quieres venir a jugar conmigo? -Preguntó aquella misteriosa persona con una sonrisa.
-No te conozco de nada.
-Me llamo Miguel y tengo 10 años -Dijo-. ¿Tú cómo te llamas?
-Me llamo Paula -Dijo, y por fin, por primera vez en toda la noche, miró a aquel niño, y el corazoncito de Paula sintió algo raro, como eso que dicen los mayores que sienten cuando... ¿les gusta alguien? ¿se dice así? Sí, supongo.
-Bueno, pues encantado de conocerte, Paula.
-Lo mismo digo -Dijo, sin dejar de mirarle.
-Entonces, ¿vienes conmigo o no? -Preguntó Miguel, ofreciéndole la mano para que la cogiera.
-Claro -Dijo Paula cogiendo su mano, y se dio cuenta de que Miguel era diferente, que no era como los otros niños, que con él estaba dispuesta a jugar, hablar, y a hacerse amiga, cosa que con otros niños y niñas, nunca había pasado. ¿Qué la pasaba? Pero no lo sabía ni ella.
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