-No tengo ni idea de dónde está, pero quiero verle, es nuestro aniversario, hoy hacemos 5 años juntos -Le decía Paula a su mejor amiga, Marta.
-No es vuestro aniversario porque no estáis saliendo, Paula, baja de la nube -La contradijo Marta.
-No me digas eso, cabrona -Dijo Paula enfadada.- Ya quisieras tú tener una amistad tan bonita como la que tenemos actualmente Miguel y yo, y justo hoy hace 5 años que nos conocimos, esto hay que celebrarlo.
-Sí claro, tan bonita que él pasa olímpicamente de ti, que ya son otros tiempos, Paula, ya no sois unos críos.
-Miguel está ahí cada vez que le necesito, y nunca me ha dejado, y miles de razones ha tenido, así que no me vengas ahora con que nuestra amistad no es bonita porque lo es. Además, es tan guapo -Dijo Paula risueña.
-¿No te cansas de que te guste desde hace 5 años el mismo tío? Con lo divertido que es ir de flor en flor.
-Marta, tienes 13 años, bájate de la nube -Repitió lo que había dicho su amiga momentos atrás.
-Solo te digo que tienes solo 12 años y él ya tiene 16, no puedes pretender que pase algo entre vosotros dos porque sabes de sobra que eso no va a poder ser -Dijo Marta, queriendo que su amiga se diera cuenta.
-¿A ti nunca te han dicho que la edad no importa en el amor?
-Yo lo único que sé es que ese tío es gilipollas, y te va a hacer daño, olvídate de él.
-Vale, mira, si no quieres venir a buscarle conmigo, ya me voy yo sola. Pero que sepas que las verdaderas amigas apoyan, no destruyen -Dijo Paula, y se fue enfadada andando por aquel pueblo en el que vivían.
Marta rodó los ojos y siguió corriendo a su amiga.
-Eres tonta -Le dijo Marta cuando estuvo a su lado.
-Sí, pero soy tu mejor amiga, y me vas a tener que aguantar hasta el fin de los tiempos -Bromeó Paula.
Las dos amigas rieron y se fueron en busca de Miguel, pero bueno, Marta fue con tal de no oír los quejidos de Paula.
Mientras, en otra parte no muy lejana.
Los dos mejores amigos se encontraban en uno de los miles de lugares que tenía el pueblo donde vivían. En frente de ellos, sentadas en un banco y charlando, se encontraban un grupo de chicas, pero una de ellas era especial, muy especial, por lo menos para Miguel.
-Vale, este es el plan. Esa chica está locamente enamorada de ti, y tú lo estás de ella, así que tienes que ir y pedirla salir, no es tan difícil, si lo piensas bien -Le explicaba Marcos a Miguel, su mejor amigo.
-¿Y si me dice que no? Marcos, que Elena me gusta mucho, como me diga que no me muero -Dijo Miguel con miedo.
-Pero que está enamorada de ti, idiota.
-¿Cómo estás tan seguro?
-Oh vamos, observa como te mira -Dijo, y los dos levantaron la mirada y vieron que Elena, efectivamente, estaba mirado a Miguel con una sonrisa.
-Eso no significa nada -Dijo Miguel volviendo a mirar a su amigo.- Es simplemente una sonrisa, nada del otro mundo.
-¿Quieres dejar de tener miedo? Miguel, cuando dejes de tener miedo, empezarás a ser feliz.
Miguel se quedó pensativo mirando a su amigo, que esperaba impaciente a que Miguel diera el primer paso con Elena, la chica de sus sueños.
-Está bien, allá voy -Y Miguel se levantó del banco y decidido fue hasta en el que estaban sentadas esas guapas chicas.
-¿Qué pasa, Miguel? -Dijo Elena, al ver que Miguel se quedó mirándolas sin hacer nada.
-¿Po... podemos ha... hablar a... a solas? -Preguntó Miguel tartamudeando a causa de los nervios.
-Sí, claro -Respondió Elena con una gran sonrisa.
Una vez que se alejaron de los dos bancos, Miguel empezó a hablar.
-Bueno Elena, yo... me gustas mucho y quería decirte algo -Dijo Miguel empezando a sonrojarse.
-Dímelo Miguel, sin miedo -Comentó Elena, porque sabía lo que venía a continuación.
-¿Quieres... -Pero un grito le interrumpió, un grito de niña, pero no cualquier niña. Paula.
Miguel fue corriendo hasta el sitio de donde provenía el grito y la vio allí, tumbada en el suelo haciendo una mueca de dolor mientras se agarraba el tobillo y Marta intentaba ayudarla.
-¡Paula! -La llamó, para luego acercarse a ella.- ¿Qué demonios ha pasado?
-Me he caído, Miguel, y creo que me he torcido el tobillo -Dijo Paula con la voz temblorosa, y las lágrimas empezaban a salir de sus ojos.
-No te preocupes, enana, yo te llevo a tu casa -Dijo, y cogió a Paula en brazos, no tenía opción.
-¿Qué ha pasado aquí? -Preguntó Marcos alterado, una vez que estuvo al lado de su amigo.
-Paula se ha torcido el tobillo, ayúdame a llevarla a casa -Respondió Miguel poniendo rumbo hacia la casa de Paula, pero antes miró hacia atrás y vio que Elena se iba de nuevo con sus amigas. Otra vez había perdido la oportunidad.
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